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El alza del pasaje de TransMilenio: corrupción, mentiras y castigo a los sectores populares

La Alcaldía de Bogotá anunció que el pasaje de TransMilenio para 2026 subirá a $3.550, un aumento de $350 que vuelve a caer, como siempre, sobre los bolsillos de quienes dependen del transporte para sobrevivir. Según el alcalde Carlos Fernando Galán, el incremento estaría justificado por el aumento del salario mínimo y los costos de operación. Sin embargo, esta explicación no solo es engañosa, sino profundamente cínica.


Foto:Mauricio Moreno / EL TIEMPO
Foto:Mauricio Moreno / EL TIEMPO

La realidad es otra: la subida del pasaje no responde a una necesidad técnica inevitable, sino a los caprichos de un modelo corrupto y privatizado, diseñado para garantizar ganancias extraordinarias a unos pocos, mientras se empobrece a millones de usuarios.


TransMilenio no es un transporte público


Conviene decirlo con claridad: TransMilenio no es un sistema público, es un negocio privado administrado por un oligopolio de operadores que captura recursos del erario a través de contratos blindados, tarifas técnicas infladas y subsidios estatales permanentes.



El salario de los conductores —utilizado como excusa por la Alcaldía— tiene un peso marginal dentro de la estructura de la tarifa técnica. Incluso con el aumento del salario mínimo, el alza del pasaje no era inevitable ni necesaria, y mucho menos del tamaño anunciado. Ese incremento ya estaba presupuestado antes de cualquier ajuste salarial.


Lo que sí es estructural es otra cosa:


Un sistema cooptado por intereses privados que obtienen beneficios empresariales superiores a los de casi cualquier otra industria, sin asumir riesgos reales y con la garantía permanente del dinero público.


Gobernar para los privados, castigar a la gente


Con esta decisión, Carlos Fernando Galán vuelve a mostrar para quién gobierna. No le tiembla la mano para trasladar a los usuarios cualquier mínima afectación que pudiera rozar las utilidades privadas.Pero sí le tiembla —y mucho— cuando se trata de tocar los contratos, las tasas de ganancia o los privilegios de los operadores.



La misma lógica se aplicó cuando Galán y su secretario Roberto Angulo excluyeron a decenas de miles de bogotanas y bogotanos vulnerables de los subsidios tarifarios, una decisión que fue denunciada oportunamente y que hoy se confirma como parte de una política sistemática.


Son mezquinos y austericidas con los sectores populares, pero generosos hasta el despilfarro con los oligopolios privados.


Foto: EL TIEMPO
Foto: EL TIEMPO

⚠️ No es técnica, es política


l aumento del pasaje no es una decisión técnica, es una decisión política.Una decisión que prioriza la rentabilidad privada sobre el derecho a la movilidad, que usa el salario mínimo como cortina de humo y que intenta engañar a la ciudadanía con un relato falso de inevitabilidad.


Mientras millones de personas enfrentan precariedad laboral, inflación y deterioro del ingreso real, la Alcaldía opta por seguir exprimiendo a quienes menos tienen, en lugar de abrir un debate serio sobre el modelo de transporte, la renegociación de contratos y la recuperación del carácter público del sistema.


El alza del pasaje de TransMilenio para 2026 no es un accidente ni una necesidad, es la consecuencia directa de un modelo corrupto, privatizado y protegido por el poder político.


Bogotá no necesita más excusas técnicas: necesita justicia social, transparencia y un transporte verdaderamente público.

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