top of page

Arder en silencio también duele

Hoy me siento realmente mal. Ojalá fuera por cosas pequeñas o pasajeras, pero no lo es. Es un cansancio profundo, de esos que apagan todo por dentro, que te quitan las ganas de seguir, que te hacen cuestionar incluso el sentido de estar aquí.


Me siento solo. Sin apoyo. Como si estuviera ardiendo por dentro y a nadie le importara, ni siquiera a quienes dicen quererme o estar para mí. Y duele más cuando te das cuenta de que, en realidad, nunca estuvieron como tú lo necesitabas.


Siempre he dado lo mejor de mí. He estado para otros, he entregado tiempo, esfuerzo, intención... Todo lo que he podido. Pero con el tiempo, lo que más pesa es notar que ese esfuerzo no ha sido recíproco, que nadie parece dispuesto a hacer lo mismo por mí.


Y entonces llega ese momento incómodo, pero honesto, en el que empiezas a ver la realidad sin filtros: estoy más solo de lo que creía, y quizás nadie logra entender realmente lo que siento.


Con todo esto, es inevitable que algo se rompa dentro de mí. Cosas que antes consideraba importantes —como seguir siendo buena persona incluso con quienes no lo han sido conmigo— empiezan a perder sentido.


Ya no quiero seguir sosteniendo lo que me desgasta. Ya no quiero seguir dando donde no hay nada de vuelta. Si ser buena persona no significó nada para otros, entonces tampoco pueden esperar nada de mí ahora.


Porque cuando yo necesité apoyo... Nadie estuvo.

Comentarios


bottom of page